EL GATO FANTASMA
Hace unas semanas ví una interesante película. Reconozco que era un tanto reacia pero las circunstancias veraniegas son las circunstancias veraniegas. Tautología. Hay que dejarse llevar...
Ben Stiller no es uno de mis actores predilectos. Considero que es un actor encasillado que se representa a sí mismo. Soy adepta de aquellos actores más camaleónicos que, según mi forma de entender el cine, transmiten con más fuerza cada vez que se transforman en un personaje diferente. Se reinventan.
Es aquí y ahora cuando el film alcanza un bello clímax capaz de hacernos reflexionar y escribir esta entrada. El fotógrafo, interpretado por Sean Penn, no da crédito no solo ante la oportunidad de lograr la tan ansiadísima foto del leopardo en ese mágico instante, sino también al ver ante él a aquel hombrecillo que lo había estado buscando a la desesperada y por un malentendido con un negativo. Y en esos momentos reproduzco el sublime diálogo mantenido entre ambos:
- Ponte cómodo y quédate quietecito, vale, hay un leopardo de las nieves. Justo en esa cordillera. Así es que tenemos que estar muy quietos. Lo llaman el gato fantasma, porque nunca se deja ver
-¿Gato fantasma?
-Las cosas hermosas no buscan llamar la atención..... (pasa tiempo)
-¿Cuándo vas a sacarla?
-A veces no la saco (la foto), si me gusta el momento, digo a mi personalmente, no me gusta que me distraiga la cámara. Quiero formar parte de ello
-¿Formar parte?
-Si, estar ahí...estar aquí... Ya está, se acabó... Parece divertido, creo que voy a jugar al fútbol, (niños lejanamente jugando al fútbol)
El momento tan sublime que vive el fotógrafo en esos instantes supera su ganas y voracidad por conseguir la ansiada foto del leopardo. El fotógrafo es consciente de la insuperabilidad del ambiente, de la magia del instante prefiriendo no hacer simplemente nada. Sabe bien cierto que no llevándose nada, se lleva todo.

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