COMPLEMENTO DE RÉGIMEN
"el meu amor, la meva sort, les meves mans..."
Es indudable que vida y filosofía del docente andan poderosamente ligadas al verbo despedirse. Sí, constantemente a lo largo del curso nos estamos despidiendo y a ello estamos ya más que acostumbrados o deberíamos estarlo. Como docentes estamos ligados a semejante praxis como por ejemplo un comercial a la del verbo "visitar" o una enfermera a la de "curar"...
Durante cada curso académico nos despedimos con muchísima frecuencia y más que en el resto de profesiones vinculadas con ámbitos del día a día; Nos despedimos de los compañeros que cesan, nos despedimos de los compañeros que se jubilan en este espacio de tiempo que nuestras vidas coinciden, nos despedimos de alrededor de 130 cabecitas -o más- bien y mal pensantes que se sientan frente a nosotros 3 horas a la semana, nos despedimos de los centros y aulas que nos acogen, nos despedimos de algunos padres con los que hemos mantenido un cierto trato, nos despedimos de, nos despedimos... con bastante frecuencia. Aunque no todos, evidentemente.
Claro que esta acción es como todo en la vida. Lo importante es el cómo lo hacemos más que el hecho en sí mismo. Esta acción, es decir, el cómo gestionamos nuestros actos o deseamos que sean gestionados, en ocasiones no es siempre de nuestro agrado total o pese a nuestras mejores intenciones no quedamos del todo satisfechos. Como la vida misma...
Hace poco tuve la suerte de que ella diera un pequeño brinco hacia mí extendiendo sus brazos para alcanzar mi cuello y colgarse de él. Físicamente sin duda éramos diametralmente opuestas y mi corpulencia y altura sobresalían con su baja estatura. Ante semejante gesto, que me pilló por sorpresa como tantos otros en los que no sé cómo reaccionar en esas breves centésimas de segundo, pude mover los brazos hacia ella casi casi al unísono y rodearla aproximándome. Por unos segundos nuestros cuerpos se acercaron y unieron en un generoso abrazo que ambas prolongamos un poco más de lo normal. Sabía a despedida. La ocasión y mis palabras hacia ella lo merecían, o así me lo quiso ella demostrar. Yo también me sentí satisfecha por el efecto de ellas. Poderosas en esta ocasión. Aquel día y cuando nos íbamos separando, sabía que aquella despedida en esta ocasión sí que había valido la pena y que ojalá otras hubiesen sido gestionadas dejándome tan buen sabor de boca como en la que ella dio de súbito aquel pequeño brinco colgándose de mí durando mucho tiempo en el futuro...
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Y a vosotr@s, ¿Os esperan muchas despedidas estos días?? Sed felices!!







