12/22/2019

HISTORIAS SOBRE UN OPEL CORSA


 "Amistades que son ciertas, nadie las puede turbar" 
CERVANTES

Para L. D. L. H.

Aún recuerdo como con frecuencia me dejaba en la puerta de mi casa con su Opel Corsa blanco. Pasamos horas hablando allí juntas las dos sobre esos asuntos típicos de veinteañeras, de las clases de la universidad -porque como dice D. Trueba, "los amigos suelen estar vinculados a la geografía"- de proyectos y asignaturas, de libros y literatura, de minutos que se alargan, de historias... y eso que aún no sabíamos que la nuestra, nuestra historia, iba a ser una muy buena, de las mejores...
Compartimos en su día, como amigas, muchas experiencias juntas: celebraciones de Navidad, viajes por España, charlas interminables sobre temas afines, conferencias y cursos, algún triste momento, noches de cine de autor, conversaciones por aquellos teléfonos, largas cenas interminables sin prisas con más amigos y muy pocos distanciamientos francamente durante 10 largos años.
Después de aquel entrañable Opel Corsa cuyas letras de matrícula eran EN, ella me ha contado que tuvo un Golf en el que yo nunca subí. Las circunstancias de la vida con sus vaivenes nos separaron y comenzaron a pasar los años sin tener noticias la una de la otra. Probablemente ocurriera algo que ninguna de las dos recuerda -o no quiera recordar- con exactitud como detonante de esa paulativa y progresiva separación. Pero ni yo, la primera, ni ella descolgamos el teléfono. Y yo me quedé sin subir en su Golf y sin conversar en el coche deteniendo el tiempo y hablando con complicidad sobre todo y nada a la vez.
Un día al cabo de 18 años nuestros pasos se encaminaron hacia la misma dirección. Ella me dice -entre risas- que fue la primera en hablar y reaccionar en aquel instante preciso que mi subconsciente había estado deseando hacía tantos años pero cuya idea se había ido disipando. En cuanto la ví recordé aquellos buenos momentos vividos en aquel Opel Corsa y otros, la película de nuestras vidas se me apareció vertiginosa como un rayo que no cesa medio reclinada entre el pavimento de la calzada y la pared. Algo turbada por la sorpresa. Y quise comenzar a imaginarme con ella en otro coche distinto, porque yo ya sabía que aquel Opel tuvo otro dueño al que descubrí un día por la autovía. Lo importante era volver a estar sentadas de nuevo y juntas.
Nuestra historia, que es de las buenas, de momento tiene un cuerpo argumentativo irrepetible. En esta parte de la redacción, que es nuestra vida, los conectores negativos ya han sido utilizados y ahora se emplean los aditivos, sumativos, los que añaden. Y es que desde hace 2 años nuestras vidas vuelven a coincidir en esa deixis, en ese -determinante demostrativo de media distancia- espacio y tiempo coincidente, reinventado... sorprendente.
Yo ayer por la noche volví a sentarme de copiloto en el asiento de otro coche, qué importa la marca y volvimos a parar el tiempo hablando de cosas irrelevantes pero con complicidad. Para mí es el mejor regalo de Navidad, aunque suene a topicazo. En estos días en que tantos y tantos vuelven a casa -perdonadme mi puntito nostálgico pre24 de diciembre- me parecía una Buena Idea dedicarle hoy mi entrada a ella, una de mis buenas amigas, que por suerte también ha vuelto a mi vida... se te quiere!!!

EN💓

2 comentarios:

LUISA dijo...

Después de leer la increíble y veraz historia de dos amigas complices y un Opel Corsa blanco, sólo puedo añadir que las dos aprendieron que la complicidad perdura a lo largo del tiempo y que la alegría y el cariño por el reencuentro fue mutuo.
Gracias Isabel.

Isabel Mejias Crespo dijo...

Gracias por todo y que yo ya me veo en un futuro sentada en un KIA!!!:)))

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