3/17/2020

EN ESTOS DÍAS TAN RAROS

"Es mucho mejor tomarse las cosas como vienen, junto con paciencia y ecuanimidad" C. Jung



En estos días no se nos está permitido saludarnos. En estos tiempos no podemos chocarnos la mano con vehemencia, congraciarnos dándonos una cercana palmada en la espalda, darnos sendos besos en cada mejilla -o tres, según la cultura-, ese largo abrazo que muestra satisfacción por el reencuentro, los largos y cálidos besos en la boca, los de "tornillo", el rápido beso de confianza, el ritual choque de manos tan ligero que apenas significa nada pero dice tanto, ni tus susurros en mi oído...

Ya es una evidencia que en estos días tan raros, el tan necesario contacto humano, el roce comunicativo generador de endorfinas para el ser humano (el estudio de la proxémica), el ritual que realizamos al saludarnos, es una prohibición a la que irremediablemente nos hemos acostumbrado. Su buena praxis -mantenernos a una distancia mínima de dos metros- es un urgente bien común y es una esperanza de futuro, esperanza de portento, que diría G. Diego. Y qué bien lo hemos asumido ya todos. Sin tocarnos físicamente...

Es por ello pues que nunca en nuestra historia reciente el poder de la palabra -tanto oral como escrita- cobra una significación tan poderosa, sustitutiva, repetimos, en estos días tan raros. Ella nos salva y con ella hemos de salvar también a nuestros seres queridos. De manera inevitable me vienen a la memoria los bellos versos de Blas de Otero sobre la palabra, fruto de un contexto que nada tiene evidentemente que ver con el actual, el contexto de postguerra en la España de la década de los cuarenta: "me queda la palabra". Es pues este verso el que de manera significativa fluye y emerge de mi inconsciente con el fin de asirme a él para que me guíe y sirva de referente y también para compartir con todos vosotros...

Quiero creer que es ella, la palabra, la que en estos días está teniendo ya un poder más poderoso si cabe. Las palabras ahora se convierten también en todos esos besos que no damos, en todos esos saludos tan inherentes y necesarios a nuestra condición humana que se evaden en el aire sin ser dados, en abrazos, en choques de mano, en una fórmula totalizadora capaz de envolvernos en satisfacción y convencimiento para establecer y proseguir con unas rutinas muy recientes a las que tan poco estamos acostumbrados -el confinamiento- pero que son el instrumento y medio para seguir y para retomar pronto nuestro modus vivendi habitual. Ellas se convierten en bálsamos.

Ya que no puedes abrazar, ni besar, ni tocar, ni realizar tus tan habituales y queridas rutinas, pues no dejes por favor de hablar, llamar, escribir, telefonear, cantar, chatear, wasapearme, expresarte, decir, hacer tic tocs, enviar, comentar... ya que en estos momentos son poderosas, aliadas y sustitutas, sí, las palabras...

Un beso a todos, que estáis ahí, repletos de palabras!!!
#YoMeQuedoEnCasa




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