"Lo peor que se puede perder es el tiempo" L. E. Aute
A pocas horas ya de la gran decisión política que estamos esperando durante todo el verano -sin francamente ya esperar nada en el fondo-, no se me ocurre otra cosa que entregarme a la belleza. Tanta inoperancia por parte de los políticos y falta de actitud por parte de los ciudadanos ante la ausencia de gobierno, acaba por desesperarme. Y no es que mire a otra parte y las cosas vayan mejor... que digamos. En Gran Bretaña se disuelve el parlamento, en Italia nunca se sabe realmente quién está en el poder -perdonar mi ignorancia-, la vergonzosa gestión de los barcos con inmigrantes en Europa es imperdonable...
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Llevada por este afán que afortunadamente me mueve en estos días de incertidumbre ya atemporal, recomiendo a mis queridos lectores un paseo virtual por cualquiera de las pinacotecas que ofertan este tipo de visitas en sus páginas web. Obviamente no existe comparación con la sensación in situ del momento, cuando nos situamos ante un Goya o un Monet, pero conseguimos una aproximación a algo tan necesario para nuestros sentidos como es el arte, cuyo objetivo, como decía Platón, no es únicamente el de proporcionar placer sino que transmite valores virtuosos que deben ser utilizados para educar y conmover. Toda una proposición de intenciones.
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| Estreno: 13 de septiembre |
Este bello e interesante documental sobre Luis Eduardo Aute narra su trayectoria desde su nacimiento hasta la actualidad junto a un gran elenco de artistas coetáneos al cantante que aportan su visión del legado de Aute en todas sus facetas. Sinceramente me maravilla su conexión, capacidad y simbiosis con todas las vertientes de su creación, convirtiéndose en un privilegiado y polifacético artista de nuestro presente actual a la manera de los artistas renacentistas. Aute no es solo cantante sino director de cine, fotógrafo, poeta, recitador pero ante todo aquello que siempre primero quiso ser desde que era un niño: pintor. Y esta película-reportaje es, pues, una buena muestra para poder aprender y reflexionar sobre la tarea de artistas de semejante calidad. Os lo recomiendo.
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Hace muchos años una conocida lingüista y profesora de la universidad nos comentó la idea que se tenía de los filólogos en la sociedad de los 90 y que espero que haya cambiado en la actualidad. Francamente aquellas palabras se me quedaron grabadas. Ella afirmó que los filólogos son la guinda del pastel, afirmando que éramos como elementos decorativos; si queréis que os diga la verdad, eso mismo pienso hoy en día que es la clase política que nos gobierna. Mientras nosotros, los filólogos, estamos día a día a pie de aula, ellos se dedican últimamente mes tras mes a querer desencontrarse convirtiéndose en inoperaNtes, tan ornamentales... en la guinda de ese pastel actual. Qué cambiaNte es esta vida...



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