¿HABLAMOS?
Y este año comienza a andar tímidamente pero con paso firme. Se vuelven a repetir los tópicos que nos invaden en estas primeras horas del 2019: aprender idiomas, hacer más deporte, comenzar una dieta innovadora y eficacísima, leer más, utilizar menos las redes sociales, contactar con esos parientes olvidados en el espacio y en el tiempo, descansar las horas recomendables para nuestra edad, dejar de fumar, ser mejores personas, involucrarnos más en ayudar a los demás,...
El paso inexorable del tiempo y el avance descomunal de la tecnología en estos últimos 20 años han modificado totalmente nuestro modus operandi y nuestras costumbres. Se puede decir que la humanidad ha evolucionado tanto en este sentido que hasta nuestro trato tanto con conocidos como desconocidos ha sufrido un cambio relevante, ilusionante y algo "alarmante". Lo que sí que es cierto es que de entre todos los tópicos mencionados en esta primera entrada del año, añado uno que desde hace ya tiempo no deja de inquietarme y que me sirve de leitmotiv para reflexionar hoy: cómo mejorar nuestro trato en el día a día.
Ya hemos hablado en este blog del buen uso diario que debemos realizar de las nuevas tecnologías. Los avances en todos los sentidos están para mejorar nuestra calidad de vida siempre que realicemos un buen uso de ellos. Hasta aquí todo correcto. Pero sin duda todas estas nuevas tecnologías que sirven para facilitarnos la comunicación y la rapidez en la conexión en todos los ámbitos acaban por ser utilizadas a veces de manera indebida en nuestro día a día y en parte acaban por convertirse en una obligación u obsesión para millones de internautas. Y, porqué no, pueden acabar por ejercer un cierto poder o dominio sobre nosotros ya constatable en nuestra sociedad actual. El hecho de tener al alcance de nuestra mano una aplicación, por ejemplo, que nos permita poder contactar con alguien que se encuentra a 6.000 km de distancia (fantástico) no implica que debamos tener que utilizarla sin motivo aparente y de manera compulsiva, como realizan muchos jóvenes y no tan jóvenes. Y es que la buena gestión de un uso razonable y comedido de las nuevas tecnologías fomenta y posibilita que nos relacionemos con la potencialidad de seres humanos que somos y no tecnológicos. Y siempre es mejor, naturalmente. El trato directo entre seres humanos para comunicarse incrementa nuestra empatía y nos hace mejores personas. Siempre.
Sinceramente, y aunque pueda parecer una romántica al uso, añoro los tiempos en los que escuchaba una voz desde la otra parte de la casa en la que me llamaban porque alguien quería hablar conmigo por teléfono. Y yo escuchaba la calidez de su voz. En su lugar, no me realizaban un resumen mal formulado de la información en un muro de una conocidísima red social o a través de la aplicación de un teléfono móvil, que dicen que es un aparato muy inteligente, cosa que a veces tanto dudo...
El paso inexorable del tiempo y el avance descomunal de la tecnología en estos últimos 20 años han modificado totalmente nuestro modus operandi y nuestras costumbres. Se puede decir que la humanidad ha evolucionado tanto en este sentido que hasta nuestro trato tanto con conocidos como desconocidos ha sufrido un cambio relevante, ilusionante y algo "alarmante". Lo que sí que es cierto es que de entre todos los tópicos mencionados en esta primera entrada del año, añado uno que desde hace ya tiempo no deja de inquietarme y que me sirve de leitmotiv para reflexionar hoy: cómo mejorar nuestro trato en el día a día.
Ya hemos hablado en este blog del buen uso diario que debemos realizar de las nuevas tecnologías. Los avances en todos los sentidos están para mejorar nuestra calidad de vida siempre que realicemos un buen uso de ellos. Hasta aquí todo correcto. Pero sin duda todas estas nuevas tecnologías que sirven para facilitarnos la comunicación y la rapidez en la conexión en todos los ámbitos acaban por ser utilizadas a veces de manera indebida en nuestro día a día y en parte acaban por convertirse en una obligación u obsesión para millones de internautas. Y, porqué no, pueden acabar por ejercer un cierto poder o dominio sobre nosotros ya constatable en nuestra sociedad actual. El hecho de tener al alcance de nuestra mano una aplicación, por ejemplo, que nos permita poder contactar con alguien que se encuentra a 6.000 km de distancia (fantástico) no implica que debamos tener que utilizarla sin motivo aparente y de manera compulsiva, como realizan muchos jóvenes y no tan jóvenes. Y es que la buena gestión de un uso razonable y comedido de las nuevas tecnologías fomenta y posibilita que nos relacionemos con la potencialidad de seres humanos que somos y no tecnológicos. Y siempre es mejor, naturalmente. El trato directo entre seres humanos para comunicarse incrementa nuestra empatía y nos hace mejores personas. Siempre.
Sinceramente, y aunque pueda parecer una romántica al uso, añoro los tiempos en los que escuchaba una voz desde la otra parte de la casa en la que me llamaban porque alguien quería hablar conmigo por teléfono. Y yo escuchaba la calidez de su voz. En su lugar, no me realizaban un resumen mal formulado de la información en un muro de una conocidísima red social o a través de la aplicación de un teléfono móvil, que dicen que es un aparato muy inteligente, cosa que a veces tanto dudo...
¿A qué estás esperando, pues, para descolgar un teléfono?
FELIZ 2019 A TOD💜S
SE OS ECHABA YA DE MENOS!!!


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