ALICIA Y MARTÍN
No podía ser de otra manera. En breve todo acabaría. Pero al fin podría revelar esta carga que me aprisiona y ya no me da tregua y lo más importante, me sinceraría de una vez por todas.
- Hijo, date prisa que vamos a llegar tarde a la fiesta de cumpleaños. Verás qué bien que nos lo vamos a pasar.
- Papi, ¿Podré jugar a la Play? ¿Me llevo un mando?
- Sí cariño, pero rápido, que llegamos tarde.
Eso de viajar con total libertad sin prisas y sin tener que dar ningún tipo de explicaciones es una de las mayores sensaciones de libertad que he podido experimentar a lo largo de mi vida. Y tenía la suerte de que en mi propio guión -ese que yo me había estado fabricando- me estaba permitido. Llegar al hotel, darme un ducha, sentir el murmullo del agua… Y salir a deambular por el casco antiguo de cada ciudad con una libertad totalizadora, henchido de luz y sombras y sí, mucho tiempo por delante. Sabiendo que allí, a mi vuelta, nadie me estaría esperando. Qué placer. Lo confieso.
-Hijo, ya hemos llegado. Vas a conocer a mucha gente y te vas a divertir. Sobre todo sé educado y pórtate bien, ¿Vale?
-Pero papi, siempre me dices las mismas cosas cuando vamos a los sitios.
-La niña que cumple años se llama Alicia, y verás qué simpática es. Además, tiene los mismos años que tú, once. Creo que os llevaréis muy bien porque también le encanta jugar a la Play.
Mis plantas. Mi Drácena Marginata, ver crecer día a día mi enredadera, mi “Lavanda” trasplantada… reconozco que echaré tanto de menos esos momentos en los que los tres compartimos nuestras vivencias del día… No importa que no tengamos apenas nada relevante que contarnos, que nos haya ocurrido algo extraordinario; simplemente el hecho de sentir que estamos ahí y en ese preciso instante por la noche, juntos, un día más y otro y otro.
-Hola Alicia, feliz cumpleaños guapa. Espero que te guste este regalo que te hemos traído Martín y yo. ¿Recuerdas que te comenté que llegaría a tiempo a tu fiesta de cumpleaños y que te traería un amigo para jugar a la Play?
-Hola Alicia, felicidades.
-Hola Martín, muchas gracias por venir.
De la madre de Alicia, una de las cosas que más anhelo es su capacidad para escucharme con su calma caracterizadora. Nadie como tú, Elisa, para saber oírme cada día apenas sin inmutarte y aportar tu punto de vista tan personal. El que necesito oír. Cariño, ya te estoy echando de menos, espero que algún día me sepas perdonar…
-¿Jugamos, Martín? ¿Qué prefieres el Maincraft o el Fifa?
- Mmmm, casi que prefiero el Fifa, ¿No te importa?, contestó Martín.
-Vale, perfecto, con papá me pego buenas viciadas, ¿Tú qué equipo eliges?
Siempre he pensado que los meses de convivencia con Marta eran mucho más complicados que con Sara, la madre de Alicia. Marta se adueñaba de la casa y la convertía en un fortín en el que ella tenía la llave secreta para todo. Nunca me he sentido muy cómodo con esta maravillosa mujer las veinticuatro horas del día seguidas. Lo confieso. Pero el sexo es una auténtica obra de arte. Estamos hechos el uno para el otro. Cada uno sabíamos aquello que más le gustaba al otro y teníamos el don de adelantarnos a cada iniciativa de manera asombrosa. Siempre quería más.
-Oye, ¿Quieres que echemos otra partida? ¿Te apetece?- dijo Alicia.
-Uff, no sé a qué hora me tengo que ir. Me apetece. Se lo voy a preguntar a mi papi. ¿Papi, podemos quedarnos un poco más?, gritó Martín.
-¿Cómo que papi?, pero si ese es mi papá y no el tuyo -contestó sorprendida Alicia.
Isabel Mejías
No hay comentarios:
Publicar un comentario